You & Me

Sentado en aquel café, dubitativo le encantaba arañar recuerdos al tiempo y quedárselos para él un rato, como aquel niño que juega con una cometa de mil colores, contra el viento que intenta arrebatársela para siempre…como el tiempo. Era una extraña lucha pasiva entre el recordar sus mejores tiempos y enfrentarse a lo diario, una lucha en el que la nostalgia con su perfume embriagador siempre jala más fuerte del corazón, aunque él no quisiese.

No luchaba por tiempos pasados, por glorias conquistadas, ni por besos perdidos, sino por el ayer, por las miradas que le brindó la última vez que se vieron, por la nostalgia de verla poner rumbo a su pueblo cada lunes, por el maldito asfalto que separaba sus vidas y dejaba frío el otro costado de la cama hasta el próximo fin de semana. Luchaba por oler su almohada y que siguiese oliendo a ella, a tocarse los labios aún húmedos del último beso que le dió, de contemplar inerte cualquier absurdo detalle que se olvidase aquel día en su casa, aquel pelo de su largo cabello que encontró en la camisa del sábado anterior…

Luchaba porque aquellos pequeños detalles le mantenían vivo, y con más ganas que nunca de luchar, pese a que los vientos soplaran de frente, pese que la lluvia se convierta más aguda, porque desde el primer día supo que en esta vida nada ni nadie se lo iba poner fácil, y por eso él decidió arrimar el hombro y tirar del carro en los momentos difíciles, cuando ella dudase, cuando ella bajase un poco los brazos ahí estaría él, para darle un nuevo empujón, para cargar con ella en las cuestas más empinadas y navegar con ella en los mares más profundos, unos mares que hoy se prestan grises y oscuros, pero que con el ahínco, la fuerza y el coraje de sus corazones superarían.

Para cuando llegue el día, el día de sus días, se miren a los ojos, y tengan la total seguridad de que el tiró por ella en los momentos duros y difíciles, y ella también por él, y se acuesten al anochecer juntos otra vez, sin necesidad de ser fin de semana, y se sientan con la sensación del trabajo bien hecho, y de tener al otro lado de la cama, al trozo del alma que les faltaba para completar sus vidas y ser felices.

Generación del 27

Una de tantos, pensaba mientras apuraba sus últimas dosis de cocaína en la mesa de cristal de su salón, así es como se solía ver, sin más y sin menos, pero lejos de la realidad muchos veían en ella un talento innato, un talento capaz de levantar la piel a cualquiera que lo escuchara cuando hacía lo suyo en el que demostraba día tras día que era la mejor. Un don divino se aventuraban a vaticinar algunos, abocado a la desidia y a la autodestrucción…sin vuelta atrás.

Como una montaña rusa su vida sufría subidas y bajadas, frenéticas, en los ojos de alguien que desde no se sabe cuando empezó a verlo todo muy distinto al resto, entendió que así debía de ser y seguir, y no miró nada más. Quizás nadie la recordara y para los puristas habría muerto una yonki más, pero fué su forma de decir las cosas, la incomodidad de su presencia en el sistema de la sociedad el que también le hacía ganar muchos adeptos, sus palabras, sus ropas, sus extrenticidades, sus hábitos…

Un coqueteo constante con la muerte, una danza fúnebre de la que casi nunca se sale vivo, y esta no íba ser una excepción, resultaba simpático cómo alguien había podido probar las mieles del éxito más rotundo, la vida más maravillosa por la que muchísimos seres humanos hubieran dado tan siquiera por conocer un día se convirtió en su rutina, y a la vez conoció el averno más duro y cruel de la vida, había besado al ángel y al demonio y contaba para vivirlo, en esa especie de limbo, en mitad de ninguna parte.

Un mal ejemplo para la sociedad se había ido una noche cualquiera, abandonó aquella vertiginosa vida para siempre, rompiéndose como un vaso de cristal, punzante, frágil…transparente, y pese a que pensara que era una de tantos, se uniría a una generación de vidas resquebrajadas, a los que el talento y el destino les aguardaban una muerte prematura…como sólamente los que siguen sonando en cualquier vinilo de cualquier bar de Londres saben hacer…de una forma muy especial.

Recuerdos entre notas

Eran pocas las veces que aquella melodía de piano inundaba aquel viejo café, cual si estuviese viviendo un dejavu de la película Casablanca, aquella nostálgica pieza sonaba para recordarla a ella, sólamente que a él le faltaban muchos más años que a Humphrey Bogart, y ella era cien veces más guapa que Ingrid Bergman.

El roble se encogía cada vez que las notas escalonadas embriagaban aquella habitación, whiskys caros, cristales de bohemia, tazas de té, y el olor a lluvia en las gabardinas que iban postrándose sobre el perchero del rincón, aquel olor era el único que podía percibirse del exterior, ya que dentro parecía todo como si el reloj se hubiese detenido.

Añoraba tantas cosas que había perdido la noción del tiempo, pero no del espacio, podía recorrer con su mente cada milímetro de aquel café, cada milímetro que recorrió cada tarde buscándola entre la multitud, se había ido para siempre, dejándole los viejos fantasmas en su gabardina y un sabor a mojado en los labios, mientras un ticket detrás de la barra le recordaba cuanto debía en whisky, una deuda por las tardes de soledad, un recordatorio más de que un día estuvo allí y compartieron otros tiempos.

Otros tiempos que ya no volverán jamás, por él, por ella…por tantísimos motivos, su cuaderno de poesía se encontraba lleno de tachones, su corazón lleno de heridas, sus cuentas a cero y una pena que como una losa le ahogaba el alma, no supo que había de bonito en el amor, quizás ahora no era tiempo para recordar viejos momentos, se le hizo muy duro pasear por las calles de aquel Buenos Aires buscando su sonrisa, y pese a que encontró muchísimas, ninguna con su destello, ninguna con la magia que hizo que un día se cayeran todas las notas del piano, para dejarle sólamente una canción, la más triste, pero a la vez la más bella.

No volvió más a aquel café, como quizás ella tampoco, poco quedó de aquello, sólamente la tremenda nostalgia de recordar su sonrisa cada vez que oía aquella canción y saber que sus almas se habían apagado para siempre en aquella vida.

Cofee break

No pretendía hacerle daño, pero con un simple gesto derramó todas las palabras como si fuera café hirviendo por sus pantalones, un desliz, un pequeño descuido que hacía que pulsara el botón de pause, se recostara en su cama y pensara por un momento, a donde iba su vida.

Son momentos necesarios en la vida, en los que debemos darle oxígeno cuando las cosas vienen rápidas, abiertas y transparentes (o quizás no tanto), somos nosotros los que estamos ante esa ventana del mundo y decidimos qué hacer con nuestro tiempo, por eso a veces es mejor detenerse un instante, pensar unas décimas de segundo y seguir…o abandonar.

La vida es un leve suspiro, una densa encrucijada de caminos obstusos en los que necesitaremos muchas de esas vidas para experimentar una parte de ella, y cuando ya hayamos creido haberla vivido al completo o mucho, siempre habrá un caminante que nos dé una autentica lección de como se vive una vida.

Banderas como el romanticismo, la fé, la honestidad, la bondad, la ternura o el temple se rasgan ante los temporales de unos tiempos distintos, y muchos auguran que el cambio es para mal…no hay que ser muy listo para darse cuenta.

Así que reflexiona un poco sobre tu vida, mientras pones tus pantalones a secar después de ese café hirviendo.

La sonata de los nostálgicos

Eran pocas las veces que el debate interno entre sentirse distinto o inadaptado no terminara en fuerte dolor de cabeza, suerte que siempre tenía a mano una botella de gin-tonic, el jarabe para el alma y el corazón, como dirían algunos. No encajaba en ninguna escala social, ni por asomo lo deseaba, canturreaba viejas canciones bohemias a la luz de las velas o de cualquier farola junto a una agrietada guitarra, no quiso dones ni galones, simplemente que le dejaran vivir la vida a su manera, absurda, cruel y cretinamente.

No era un kamikaze, simplemente se sentía un náufrago que se dejaba llevar por las olas de la orilla, mientras la arena húmeda le rasgaba las costuras de su piel…y pensaba. Y ahí no necesitaba más que esos instantes para sentirse vivo, para sentir que aquello era todo lo que deseaba y con ello bastaba si incluido iba un billete a la felicidad.

Desafiaba al tiempo en cada cuerda, como si de un tic-tac de manecillas se tratase, una tremenda osadía al destino como si con ello pudiera vencer a la eternidad absoluta del tiempo a la más solemne sonata que solo danzarían los generales tristes, mientras la soledad se postrara en aquellos bares de luces ténues, aún con el olor a la pólvora entre sus dedos, sin más regueros de sangre que el de sus orinas callendo calle abajo, en un sombrío callejón entre risas burlonas al fondo, entre basura, entre ojos brillosos y curiosos.

El hambre estaba apunto de pedirle el divorcio y la adrenalina creía apagarse en fogonazos de vida, jamás lo haría, jamás ocurriría mientras la luz de aquella farola siguiese encendida, mientras la noche lo siguiese abrigando…

La travesía del dragón

Unas gotas de valeriana bastarían para dejarlo dormido como un tronco, de nuevo las alucinaciones habían inundado de gritos la habitación y el escándalo se había apoderado del imperioso silencio de aquella noche…por enésima vez.

Ella, le secaba el sudor frío con un pañuelo de seda, mientras le cogía la mano temblorosa, una vez más había estado a merced de dragones y de corceles con crines grises, de castillos, princesas, y mazmorras…las que lo hacían prisionero de esta terrible locura, maldecía a los clérigos y a los hombres de fé, sus alabos eran para aquellos canallas que vestían con sayos oscuros, y sus ojos brillaban intensos al anochecer.

Irónica, ella sonreía, un caballero en los siglos de ahora era algo impensable murmuró en voz alta, cuando en un recelo, él se incorporó en su cama, abrió más si cabe los ojos, que parecían salirse de sus órbitas y contestó:

-”Exacto, impensable es, en los tiempos de ahora encontrar gente con corazones blancos que respeten la vida, que lleven a la libertad por bandera y estandarte y no el libertinaje absurdo que muchos promueven, qué sabrán ahora los falsos jinetes de lealtades, si sólo saben escupir a quienes tienen su mano…más saben los malditos, los parias, aquellos que fueron desterrados del mundo por los mismos que hoy gobiernan nuestros pueblos y dictan nuestras normas…”

-”Caballeros es lo que no hay en este estúpido mundo de mentes y corazones vacíos, y los que hubiese, ya andan lejos en la llanuras tostadas por los otoños fríos, al abrigo de su sinceridad, de su honestidad, de sus valores…aquellos que jamás quisieron los que habitan nuestros corazones, y que por culpa de ellos, cada segundo, cada paso, cada vocal gritada, cada garganta rajada será inútil, y rezaremos porque exista el cielo que nos han prometido los hombres de fé…”

-”Mientras tanto, déjame seguir en mi locura…”

Y los dragones, los castillos y los corceles volvieron a rondar su locura…y sus temblores en la noche, mientras ella lloraba al filo de la cama.

Testamento (Borrador)

 
A mi muerte, que nadie toque mis cosas, que se queden como están para cuando vuelva, como yo las he dejado…
 
El vino fuera de la nevera, la cejilla en el último traste, el teléfono sonando, el calentador encendido, el niño en el colegio, las cartas sin abrir, el despertador a las siete, las cuentas a cero, las persianas hasta arriba…
 
Si me matan sin dolor quiero el número del asesino, que alguien me grabe el entierro, cómprame tabaco y el diario, no me esperes despierta, déjame atún por si vuelvo en los huesos…y este verso no lo guardes, que le quiero cambiar el final…
Ah!, y baja la basura…
 
La Risa que me escondes.

El destino de la ilusión

Las costuras de su piel se volvían cada vez más negras, como una profunda y densa nicotina que invadía todos sus extremos y costados de su infinita vida, conocía el amor a ráfagas y dormía soñando que los pocos ángeles que le apreciaban le acurrucaran y le mostraran un futuro más claro y limpio al día siguiente, y así pasaban los años.

Aquellas heridas de sus manos sanarían, aunque durante un tiempo estarían ahí, inmortales mostrándole los errores del pasado, pero tocaba mirar hacia el frente, porque cuando una puerta se cierra una ventana se abre. Dudaba si su destino estaba fuera de aquellas murallas, quizás lo deseaba, lo anhelaba porque siempre se sintió un paria, sin destino ni frontera, solo él y sus ideales y con el más profundo sentimiento de victoria como si fueran tambores de guerra.

Tocaba navegar o caminar sin rumbo fijo, pero como siempre, todas las ilusiones del mundo.

With me

Había vencido a los fantasmas del pecado y la miseria, había dado un puñetazo en la mesa y sentía que se disiparon todas sus insignificantes dudas. El olor a sangre dejó de revolotear e intentar manchar la ropa de sus cordeles.

Se alzaba más alto que nunca y sonreía a cada instante, y aunque su vida bohemia de conquistador le había dado muchas alegrías, no la cambiaba por la que ahora tenía, el caos y el desorden eran muchísimos por no decir la totalidad de sus días, en aquellos años danzaba a la deriva de cualquier falda y dejaba pasar el tren, se sentaba en aquella estación y las despedía sabiendo que era una despedida para siempre, ellas le besaban en los labios y le decían que las llamara pronto.

A él sólo le salía una sonrisa comprometida, mientras el mundo se le caía, se encendía un cigarro mientras veía aquellos trenes alejarse…ni siquiera pensaba que en él marchase una oportunidad de ser feliz, ya lo era a su manera y no se arrepentía de ello.

Muchas tuvieron que buscar otros labios en los que consolarse, con el anhelo de recibir una llamada suya, con alguna proposición, no hacía falta que fuese indecente, simplemente sucedía, él nunca quiso ser ningún apafuegos, seguía saliendo cada noche, bebía, fumaba y ocurría, encontraba otro corazón falto de cariño para pregnarlo con su melancolía.

Algunas se irritaban por su pasotismo, por andar siempre más allá de las normas, pero lo seguían encontrando entrañable, había algo que las enganchaba, pero el hecho de no tenerlo a él, de forma segura, les repudiaba. El rencor, la resigna y los celos eran algo habitual en ellas, él no hacía caso, marchaba a cualquier club de Jazz a emborracharse y así continuaba su felicidad.

Eran días oscuros, ya que vivía de noche, como su corazón, sabía que estaba siendo juzgado constantemente pero no le importaba, ahora que los tiempos eran distintos mucho más. Eran días de sacrificio, y el estaba dispuesto a un cambio, sabía que era su hora, sabía en aquellos ojos que podía compartir más de cien mil vidas a su lado, y no cansarse de besarla, estaba volviendo a las raíces, o mejor aún, a la mejor versión de él mismo…Desnudo ante ella, para mostrarele todo lo maravillosos que podían ser los días junto a él.

Desde aquella noche, él llegó con su mejor traje, su mejor colonia y su sonrisa más sincera, se montó junto a ella en aquel vagón, no miró siquiera el destino, apenas importaba, iba ella y todas las ganas infinitas de quererla en forma de equipaje, dentro de su corazón.

Blue

Los cisnes negros ya habían dejado el lago desde hace tiempo, un crepúsculo del amor más radiante había roto todas las texturas de su corazón, y ya podía oler las azucenas de la primavera que venía pellizcándole de cerca.

Se abrazaba fuerte a su costilla mientras le susurraba una nube de besos sin descanso, en sus viejos versos era capaz de rimarle tres mil sílabas consonantes y quedarse tan pancho, en cada noche le dejaba bajo su puerta una carta repleta de finales esdrújulos, un guiño eterno al romanticismo, aquel viajero de los siglos que pagaba con el corazón de otros.

Eran uña y carne, una aférrima unión simbiótica, con las negras del suelo que les tocó de andar antes de cruzarse, con un cielo azul como sus destinos, sentían el uno y el otro como las ráfagas del viento eran más flojas que el abanico de abril en feria que la ventilaba de arte, de raza, en su infinita cúspide.

Lloraban y reían con la misma facilidad, no eran la noche y el día, ni el sol ni la luna, simplemente se conformaron con ser dos estrellas polares, con su intenso brillo, para marcarle su ejemplo, para marcarles el rumbo a los peregrinos del amor verdadero.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.